"Internet is probably the greatest serendipity engine in the history of culture" (Nicholas Carr) / "The capacity to know is more critical than what is actually known" (George Siemens)

Sebastian Seung: “Somos nuestras conexiones”

Morozov contra Steve Jobs. Un magnífico panfleto delirante

Tengo la impresión de que en España se conoce poco a Evgeni Morozov (Bielorrusia, 1984). No me suena que se haya traducido The Net Delusion: The Dark Side of Internet Freedom, y pocas veces lo he visto citado en los medios, a pesar de su visibilidad en la prensa (anglo)sajona.

Morozov es un cafre inteligente, uno de esos tipos que conoce bien las dictaduras (como la que aún se mantiene en su país de origen), y que, por tanto, sabe que cualquier cosa puede usarse con fines totalitarios. De hecho, su interés fundamental se centra en el uso totalitario que se contiene en las nuevas tecnologías.

El año pasado irrumpió como elefante en cacharrería, denunciando, con una agudeza e inteligencia notables, “los engaños de la red”, que fue como tradujo el título de su libro Luis M. Alonso, en un magnífico artículo que se publicó en La Nueva España, y que es lo único de interés que conozco sobre Morozov en nuestro idioma.

No voy a hacer un recorrido por las polémicas que Morozov ha ido levantando en estos meses. Pero me gustaría llamar la atención sobre un ensayo larguísimo y delirantemente estimulante (de hecho, en Italia se acaba de publicar como libro exento) que salió a mediados de marzo en The New Republic: “Form and Fortune. Steve Jobs’s pursuit of perfection—and the consequences”, y que es un ataque furibundo contra la filosofía de Steve Jobs y la “religión de las apps”.

A mí el ensayo me parece un alegato socialistoide al estilo de otro conocido “pensador” poscomunista (Zlavoj Žižek). Antes o después, el mundo se cansará de Morozov, como lo ha hecho de Žižek, que se ha convertido en una caricatura de sí mismo; pero mientras tanto el furibundo ataque del bielorruso a la “falsa religión” del intocable iGod no puede pasar desapercibida. Como una abeja especialmente punzante que se esfuerza en agujerear la piel de un buey (al que le bastará un movimiento de la cola para tumbarla).

No voy a hacer una crítica del ensayo, simplemente voy a dejar aquí algunas citas reveladoras del mismo, para dar una idea del interesantísimo disparate, que recomiendo encarecidamente.

  • El “platonismo industrial” de Jobs. Forma y esencia se confunden en conceptos como “perfección” y “pureza”:
  • Neither Jobs nor Ive tells us exactly what he means by “pure,” [...] It appears that “pure” products exhibit a perfect correspondence between their form and what both Jobs and Ive refer to as their “essence.” [...] It is a kind of industrial Platonism. [...] Pure products are born, not made; any visible signs of human assembly—say, screws—would make it hard to believe in the higher integrity, the perfection, of the product.

  • El reino de Jobs no es de este mundo:
  • The idea that the form of a product should correspond to its essence does not simply mean that products should be designed with their intended use in mind [...] No matter how trivial the object, there is nothing trivial about the pursuit of perfection. On closer analysis, the testimonies of both Jobs and Ive suggest that they did see essences existing independently of the designer—a position that is hard for a modern secular mind to accept, because it is, if not religious, then, as I say, startlingly Platonic.

  • La falsa revolución de Apple:
  • Apple’s most incredible trick, accomplished by marketing as much as by philosophy, is to allow its customers to feel as if they are personally making history—that they are a sort of spiritual-historical elite, even if there are many millions of them.

  • La tecnología Apple y el mito de la caverna de Platón. Una metafísica de la modernidad totalitaria:
  • Jobs’s most impressive achievement was to persuade the shackled masses that they could see the Platonic forms without ever leaving their caves. Marketing—with its shallowness and its insidious manipulation of the consumer—would normally be relegated to the inferior realm of appearances, but it took on a different function in Jobs’s business metaphysics: it played the gospel-like role of showing us the way to the true, natural, and pure products that have not yet been spoiled by the suffocating and tasteless ethos of faceless corporations such as IBM and Microsoft.

  • La dictadura de las aplicaciones:
  • Apple’s embrace of the “app paradigm”—whereby activities that have been previously conducted on our browsers shift to dedicated software applications on our phones and tablets—may be destroying the Internet in much the same way that the automobile destroyed the sidewalks and the playgrounds [...] The total and exclusive focus on the tool at the expense of its ecosystem, the appeal to the zeitgeist that downplays the producer’s own role in shaping it (“whatever happens is … ”; “feeling the direction”), the invocation of the idea that technology is autonomous (“these things take on a life of their own”)—these are all elements of a worldview that Lewis Mumford, in criticizing the small-mindedness of those who were promoting car-only travel in the 1950s, dubbed “the bankruptcy of social imagination.”

    No es la herramienta, es lo que haces con ella

    Abundance. The Future is Better Than You Think (2012), de Diamandis & Koetler

    Le he echado un vistazo a otro de los libros de los que más se está hablando en 2012: Abundance: The Future Is Better Than You Think (Free Press), una especie de diálogo entre Peter Diamandis y Steven Kotler.

    Quien me conoce sabe que abomino del buenrrollismo vacuo (hay mucho tonto solemne disfrazado de guru haciendo caja a costa de la ingenuidad o la pillería de más de algunos/demasiados), pero nunca estaré cerrado a una tesis optimista bien fundamentada.

    En este libro, los autores -sobre todo Diamandis, fundador de Singularity University, una especie de campus de excelencia de Silicon Valley (chúpate esa)- argumentan de forma convincente en favor de su tesis:

    el desarrollo tecnológico está mejorando a pasos de gigante las condiciones de vida de los seres humanos presentes y futuros.

    En líneas generales, hay 4 ideas fuerza en el libro, que contiene numerosos ejemplos ilustrativos, a veces demasiado técnicos:

    • la tecnología está creciendo de forma exponencial, los tiempos se están acortando. De esta forma, los avances en informática, energía, medicina, educación etc. van a estar entre nosotros antes de lo que pensamos. Estamos en una carrera de aceleración que está cambiando nuestras vidas de forma imparable.
    • todo este inmenso desarrollo teconológico va en la dirección del DIY (do-it-yourself). La tecnologia es igual de accesible y barata para un adolescente como para un magnate de Silicon valley. Cualquier persona puede cambiar el mundo desde su casa, sin apenas inversión económica. Lo único que necesitamos es tener una idea o un proyecto. En eso consiste la abundancia, en la facilidad para hacer que esa idea o proyecto se extienda exponencialmente si así lo quieren los usuarios.
    • La rancia idea de solidaridad (es decir, de que el Estado le robe dinero al ciudadano para dárselo a unos tiranos que se lo quedan en el bolsillo) está dando paso a una vuelta a la idea liberal tradicional de filantropía. La gente está dispuesta a dar dinero para aquellos proyectos en los que cree (Flattr, IndieGogo…), permitiendo que una enorme cantidad de individuos y grupos se financien con aportaciones voluntarias. Lo mismo vale para las aportaciones billonarias de gente como Bill Gates como para el euro que uno en aporta en IndieGogo con el fin de que un grupo de música siga en activo.
    • los datos muestran que la Humanidad está reduciendo drásticamente la pobreza. En esta parte se refiere al famoso “rising billion”, es decir, a esos 1.000 millones de personas que están mejorando en este momento de forma radical sus condiciones de vida gracias a las nuevas tecnologías. Poco a poco estas personas entrarán en el círculo virtuoso de la abundancia.

    La verdad es que leer páginas tan bien argumentadas y documentadas supone un auténtico antidoto ante tanto idiota de la catastrofe como está apareciendo últimamente. Un libro imprescindible:

    Por lo demás, la web es simplemente fabulosa, y el canal YouTube también.

    We like Stockholm o el digitalismo viral

    Este es un vídeo que recoge la forma en que Charlie Caper y Erik Rosalesestán -dos magos suecos- están llevando por el mundo la Marca Suecia. Es realmente digno de verse -de hecho, está teniendo gran éxito en YouTube:

    Se habla fundamentalmente de las características y oportunidades de la ciudad en la que vivo: Estocolmo. El mensaje es el de siempre, pero el uso creativo de 7 iPads es lo que llama la atención, sin duda.

    España debería aprender un poco sobre la forma de gestionar su marca en los tiempos de Facebook. La utilidad económica no es ya lo único que mueve a una persona al consumo de productos culturales (o de cualquier tipo). Los mecanismos que rigen nuestra forma de vida son ahora más cognitivos que nunca.

    Lo que entra en juego es nuestra identidad real y nuestros deseos, regidos por las neuronas espejo y otro tipo de conexiones. No es que no seamos libres, sino que estamos conectados a través de redes, en un permanente equilibrio conectivo.

    Paranoia de género en Suecia

    Mucho se ha hablado en España del informe de la RAE sobre Sexismo lingüístico y visibilidad de la mujer, obra de Ignacio Bosque.

    Sin embargo, ni la estupidez de confundir sexo y género, ni la actitud liberticida que busca imponer una neolengua a los individuos, algo sobre lo que advirtieron G. Orwell y Viktor Klemperer, no es patrimonio exclusivo de nuestro país.

    En Suecia tenemos “la cuestión del hen”, versión local del disparate.

    Todo empezó hace unos meses con la publicación del libro para niños Kivi och monsterhund (“Kivi el perro mosntruoso”, 2011), de Anette Skåhlberg, en el que no se usan los pronombres personales “él” (“han”) ni “ella” (“hon”), sino “ello” (“hen”). Desde entonces, Suecia vive en un estado de paranoia lingüística entre partidarios y detractores del hen (copiado del finés, lengua que no distingue masculino/femenino).

    Hace tiempo que publico todo tipo de refutaciones de las falsas ideas de Sapir-Whorf, que sustentan teóricamente estas iniciativas. Es incierto que veamos el mundo a través de la lengua, a pesar de que se trata de una idea muy extendida, debido a que apela a nuestra intuición.

    Supongo que esta batalla, como tantas otras que van en contra de inclinaciones naturales, aunque falsas, del cerebro humano, está perdida. Los estudios empíricos demuestran que no hay ninguna relación entre lengua e igualdad. Sólo hay que echarle un vistazo al informe Global Gender Gap del WEF. De hecho, la inmensa mayoría de lenguas en el mundo no hace distinción de género, algo fuertemente característico de las lenguas indo-europeas.

    Con todo, lo peligroso de estas aparentes chorradas son las consecuencias que pueden tener en grupos de personas que experimentan sus delirios con seres humanos.

    David Weinberger sobre redes de conocimiento

    De lo que va de 2012 me ha llamado la atención el nuevo libro de David Weinberger (Harvard University) Too Big to Know: Rethinking Knowledge Now That the Facts Aren’t the Facts, Experts Are Everywhere, and the Smartest Person in the Room Is the Room (Basic Books, 2012), sobre todo porque me parece que ahonda en las ideas conectivistas de George Siemens.

    Weinberger intenta explicar la forma en que es posible manejar un conocimiento que ha dejado de ser manejable (“too big to know”), es decir, una biblioteca que no cabe en ninguna estantería. Weinberger vuelve al tema generacional; piensa que su generación (y la mía) ha pensado el conocimiento como una serie finita de contenido preciso y fiable ordenado en repositorios, mientras que las nuevas generaciones lo ven como un flujo, es decir, como una red de discusiones y razonamientos que no tiene límites.

    Pensábamos que el conocimiento era limitado, pero solo eran limitadas las estanterías

    De este razonamiento viene una de las ideas que sustentan la obra: hemos pasado de la era del conocimiento como libro a la era del conocimiento como habitación, es decir, la persona más sabia en una habitación es la habitación (“the Smartest Person in the Room Is the Room”). En el fondo, nada que no hubiera dicho Siemens en Knowing Knowledge (2004), un libro que tradujimos y publicamos en el Grupo Nodos Ele.

    De hecho, las ideas de Weinberger no tienen nada que ver con lo que suele llamarse inteligencia colectiva, sino con lo que Siemens llamó inteligencia conectiva.

    No se trata de que muchos sepan más que uno, sino de las relaciones que se establecen entre nodos dentro de una ecología del conocimiento, llamada aquí “room”. Por ejemplo, tomemos una conferencia académica:

    Si partimos de que el conocimiento está distribuído en red, la persona más inteligente de la sala de conferencias no será ni la que está hablando ni la inteligencia colectiva de los asistentes. La persona más inteligente de la sala será la propia sala, es decir, la red que conecta a los individuos y a las ideas en la sala.

    No se trata de que las redes se estén convirtiendo en supercerebros con una conciencia propia. Lo que está pasando es que el conocimiento cada vez es más inseparable de la red que lo hace posible.

    De ahí la importancia de las ecologías de aprendizaje, que deben tener un diseño adecuado, ya que en la propia conformación de la red reside el conocimiento y la inteligencia.

    El proyecto I´m @sweden, entre el conocimiento distribuido y la pesadilla orwelliana

    Desde diciembre vengo siguiendo una iniciativa que me produce una sensación contradictoria: el proyecto I´m @sweden. La idea, que gestionan dos entes gubernamentales: Svenska Intitutet y VisitSweden, consiste en darle semanalmente la cuenta oficial de Suecia en Twitter a un ciudadano cualquiera, al que se nombra “curator of Sweden”, para que nos cuente una semana de su vida en 140 caracteres.

    Aunque lo presentan como “the world’s most democratic Twitter experiment”, lo que hay detrás no es otra cosa que una estrategia turística falsamente distribuida. Es verdad que la idea no es mala, y que se aprenden cosas sobre la vida real del país, cosas que van más allá de Ikea o las novelas de Stieg Larsson, pero todo destila un tono “políticamente correcto” que da como grima.

    @sweden tiene en este momento casi 19.000 seguidores. Los tuiteros más seguidos han sido Hasan Ramic, un inmigrante bosnio que se ha pasado el tiempo quejándose de que el Estado del Bienestar ya no es lo que era; y Adam Arnesson (Örebrö, granjero, 21 años) que estuvo tuiteando sobre sus ovejas y cosas así:

    Being a farmer is such hard work. (cuddling lambs all day)
    Preparing a presentation for school next week. Being a farmer and study at the same time is not always easy to fit.
    I’m playing with my sister’s four kids. Call an ambulance if you haven’t heard from me in two hours.
    @suklaamumina Yes, I sometimes would like to be a sheep!
    Eating lamb from your own farm with a nice glass of red wine. There is nothing better.

    Esta semana que acaba ha estado tuiteando Anna Froekenundrar, una sacerdotisa de la Svenska Kyrka, que ha conseguido que aborrezca definitivamente la sopa de guisantes.

    Los siguientes tuiteros no se dan a conocer por anticipado, de modo que serán una sorpresa. Se acaba de anunciar que esta semana estará de “curator” una tal Hanna, lesbiana de Uppsala adicta al café. Veremos.

    La idea en su conjunto no es mala, pero no tiene nada de real; los “curators” están seleccionados según el perfil que quiere difundirse, de modo que los mensajes parecen consignas orwellianas en muchos casos, más que tuiteos espontáneos de ciudadanos comunes, que es lo que a uno le gustaría ver. La sensación es que no hay nada espontáneo, sino que todo responde a una estrategia en la que se intenta aparentar que alguien real cuenta lo que realmente le pasa, cuando todo responde a un guión previamente escrito y supervisado por las instancias gubernamentales suecas; es decir, una cuestión de imagen y turismo.

    Eso se llama propaganda, en efecto. Y lo más grave, es una forma de no entender cómo funciona la libertad en las redes sociales. Es decir, una forma de tirar el dinero público para nada.

    Los digerati apuestan por el ganchillo para educar a sus hijos

    Me ha llamado la atención un artículo del New York Times en el que se cuenta cómo los digerati de Silicon Valley (Google, Apple, Yahoo, HP, eBay etc…) llevan a sus hijos a las Waldorf Schools, unas escuelas (160 centros en los EEUU) que rechazan el uso de la tecnología aplicada a la educación.

    Las escuelas Waldorf surgieron hace un siglo y basan su sistema educativo en la actividad física y en la creatividad manual (esas míticas clases de ganchillo). Nada de ordenadores (ni siquiera en casa), ya que “inhiben el pensamiento creativo, el movimiento, la interacción humana y la capacidad de atención”.

    Como dice Alan Eagle (doctor en ciencia computacional y alto cargo de Google):

    La idea de que una aplicación de iPad puede mejorar la educación de mis hijos es una cosa ridícula.

    ¿Aprender idiomas? En el artículo se habla de cómo los chicos se ponen en círculo y se pasan unas pelotas mientras repiten unos versos que el profesor les lee en voz alta. Al parecer, se trata de una forma de desarrollar la sincronización entre cuerpo y cerebro.

    Todo esto está muy lejos de lo que yo conozco, es decir, la enseñanza de una lengua extranjera a adultos motivados y formados. No puedo opinar, por tanto.

    En una cosa estoy de acuerdo: aprender es una actividad humana basada en la interacción entre individuos. La tecnología no es un fin sino un medio. Si se convierte en un fin, se convierte en algo perevrso desde un punto de vista educativo.

    140 students + open space + freedom and agency + roaming teachers = chaos in learning

    El aprendizaje es siempre un proceso caótico basado en la serendipia. Tenemos la necesidad de pensar que controlamos nuestro aprendizaje, pero el aprendizaje se da en los márgenes y emerge mediante patrones que se retroalimentan a sí mismos:

    En este sentido, uno de los temas fundamentales es el de la creación de espacios de aprendizaje (“learning spaces”), ya que el diseño del espacio condiciona la forma en que surge la serendipia. Por este motivo, aprecio mucho el trabajo de Stephen Harris, que dirige el Sydney Centre for Innovation in Learning, en Australia, y el de su compañero Steve Collis.

    Aparte de seguirlo en Twitter, me parece que su tumblr Imagine Learning es una muestra gráfica de lo que implica visualmente un “caos ordenado relativo” en el aprendizaje.

    Harris y el SCIL insisten en la visualización de los procesos de aprendizaje a través de la transparencia y la libertad, es decir, en el caos. Y eso es un gran acierto. A veces una imagen dice más que mil palabras:

    Recomiendo dedicarle un rato a investigar lo que hace y piensa el SCIL: